Solía escribir textos que me hacían sentir satisfecha; sonaban bien, estaban cuidados, alineados con el tono, pero no pasaba nada. Nadie comentaba. Nadie preguntaba. Nadie actuaba. Y ese silencio, aunque disfrazado de “todo en orden”, era en realidad la señal de que algo no estaba funcionando.
Lo mismo les pasa a algunas empresas con las que he colaborado. No es que su equipo escriba mal; al contrario, saben comunicar, solo que a veces, ese talento está ligeramente desenfocado porque el mensaje no tiene un para qué claro. Y ahí es donde entra la diferencia entre escribir bien y escribir con dirección editorial estratégica.
Si estás leyendo esto, probablemente tú (o tu equipo) escriben bien. Saben estructurar, tienen buen ojo para el tono, incluso logran emocionar, pero cuando el objetivo está en sonar bien, y no en provocar algo en quien lo lee, los textos se vuelven eso: bonitos, pero inofensivos porque sin una intención clara, no se genera movimiento.
Un texto puede estar impecablemente escrito, con tono cercano e, incluso, aprobado por dirección, y aun así fallar en lo más importante:
Si no puedes responder eso, entonces no es comunicación: es decoración. Y lo sé porque lo he visto muchas veces (y también me ha pasado): publicaciones que se ven bien, pero no generan conversación; correos que explican todo, pero no reciben respuestas; piezas que se sienten bonitas, pero no provocan ninguna reacción.
La solución no es desechar el texto. Es reencuadrarlo con intención. Y eso empieza con una revisión estratégica como esta:
Revisión exprés en tres pasos:
Elige un texto reciente de tu equipo y responde:
¿Quién lo necesita leer?
Piensa en una persona real o un grupo específico. No digas “todo el personal” o “el público en general”.
¿Qué quiero que piense, sienta o haga después de leerlo?
Tiene que haber una intención concreta. ¿Que entienda un cambio? ¿Que se sienta orgullosa? ¿Que haga clic?
¿Cuál es la frase que quiero que no se le olvide?
Esa es la frase que debe brillar. Si no existe, hay que crearla.
Si no puedes responder con claridad estas tres preguntas, tu texto probablemente está bien escrito, pero mal enfocado.
Eso es lo que hago como editora estratégica: acompaño a equipos de comunicación para que sus textos no solo suenen bien, sino que muevan y conecten.
Este post, por ejemplo, nació así:
Primero pensé en ti, que sabes escribir, pero a veces dudas si eso basta.
Luego me pregunté: ¿qué quiero que sientas y hagas después de leerlo? Que digas: “esto es justo lo que necesitamos”, y me escribas para trabajar en conjunto.
Y después pensé en la frase que no quiero que olvides: Bien escrito no es lo mismo que bien enfocado.
¿Quieres probar cómo se ve eso en tus propios textos? Mándame un correo a [email protected] y probamos.