Supongo que tú también te habrás dado cuenta de que ya todos estamos escribiendo igual. La misma cadencia por todos lados. El mismo tufillo de IA, como le llamo.
Y es que cuando empiezas a verlo, ya no puedes dejar de verlo. Primero viene una frase que abre el tema y suena bastante razonable; después, la corrección elegante “no es X, es Y”. Luego llegan los tres puntos. Siempre tres. Tres beneficios. Tres razones. Tres aprendizajes (justo así). La tríada funciona porque el cerebro la digiere fácil.
Más adelante, una frase que resume; otra que matiza y un cierre redondo con el clásico “Porque X, entonces Y”, o con dos puntos incluidos para que suene a conclusión inevitable.
Con la IA como herramienta para redactar, ya no vemos errores de sintaxis, ni de ortografía. Todo fluye. Y en un inicio, cuando empezamos a ver los primeros entregables, para quienes la usábamos se sentía como magia. “Órale, pero qué bonito escribo”, pensabas al darle publicar a tu idea.
Pero conforme pasan los meses, aunque todo fluya, hay algo que no termina de sentirse como propio. Sí, aparece limpio, ordenado, simétrico, per-fec-to, como esas paredes de pasto artificial que envuelven los muros de cualquier local aesthetic.

Antes, escribir bien era ventaja. Hoy es estándar. Con la IA, lo que antes tomaba horas hoy se hace en minutos, y sin necesidad de ser redactor experto. Y aquí es donde la pregunta cambia. Si todos tienen acceso a la misma herramienta, ¿dónde vive la diferencia?
Un copy puede estar impecable y sentirse vacío. Una nota puede ser técnicamente sólida y provocar un “meh” en quien lo lee. Y es que en el proceso de escribir, además de ordenar palabras, se construye la identidad, y para eso, se deciden muchas cosas, como qué dato entra y cuál sobra, desde qué ángulo contar algo, qué palabra activa confianza y cuál suena a más de lo mismo.
Hace poco leí en un reporte de McKinsey que más del 88 % de las organizaciones ya usa IA generativa en alguna función de negocio. Marketing y comunicación están entre las primeras en adoptarla, y la cifra sigue creciendo. Eso significa algo simple: la herramienta ya no diferencia.

Así como tú, yo también he empezado a notar algo en piezas corporativas recientes. No es que estén mal, de hecho, su estructura es impecable. El detalle es que podrían pertenecer a cualquier empresa del sector. Y cuando todos pueden producir ese tipo de contenidos en segundos, la neutralidad se vuelve costosa.
En mercados B2B, industriales o corporativos, la confianza se construye con coherencia y evidencia concreta. El Edelman Trust Barometer de este año lo señala con claridad: la percepción de autenticidad pesa cada vez más en la confianza hacia las organizaciones.
Y cuando todo suena igual, la marca se vuelve ruido de fondo porque la confianza no se construye con sintaxis impecable, sino con claridad y evidencia. Déjame ponerlo simple mediante dos enunciados.
Versión 1:
“Nuestra empresa promueve la eficiencia operativa y el trabajo colaborativo”.Versión 2:
“En el último trimestre, tres áreas que no trabajaban juntas redujeron tiempos de entrega en 18 %. Ese cambio ahora forma parte del modelo operativo”.
¿Ambas están bien redactadas? Sí. Solo que una te deja ver algo concreto. Tú sabes que la IA puede generar la primera sin problema, pero para la segunda se necesita criterio, y ahí es donde empieza la conversación interesante.

Saber usar la herramienta se aprende rápido. Ese debate ya pasó. Ahora se trata de si tu equipo sabe dirigirla.
Escribir hoy implica entender qué mueve a tu audiencia, traducir objetivos de negocio en narrativa precisa, distinguir entre claridad y cliché; editar con intención, no solo con corrección; sostener una voz reconocible entre boletines, redes, reportes y presentaciones; eliminar lo genérico aunque suene correcto.
Es incómodo para mí como escritora decirlo, pero la ventaja competitiva se desplazó, y hoy está en pensar mejor el contenido. Con esto, te dejo una pregunta para comité. Si mañana todos tus competidores usan la misma IA que tu equipo, ¿tu comunicación seguiría siendo reconocible? ¿O se integraría, silenciosa, a la conversación genérica del sector?
Estamos en un momento en el que lo importante es sostener una voz.
–
He estado trabajando este enfoque en un taller breve para equipos de comunicación y marketing que ya usan IA y quieren fortalecer esa capa estratégica que la herramienta no resuelve por sí sola.
Si este tema está sobre la mesa en tu organización, hablemos: [email protected]