Hubo un momento este año en que creí que me estaban dejando atrás: una empresa me dijo que ya no necesitaba mis textos porque ahora usaban IA. “Ya está resuelto”, me dijeron. “ChatGPT nos escribe los posteos”.
Sentí el golpe, no porque me aferrara al proyecto, sino por lo que simbolizaba; como si el corazón de mi oficio, el ver entre líneas, ordenar lo invisible, dar sentido, pudiera reemplazarse con un prompt bien escrito.
Pasaron los meses y pude ver más claro: este 2025 me hizo recordar lo esencial de mi trabajo que no es solo escribir, sino acompañar a pensar. Y eso, curiosamente, fue lo que más funcionó este año. No fueron las campañas más ruidosas, ni los posteos más medidos, sino las decisiones pequeñas donde alguien se detuvo a preguntar: “esto que vamos a decir, ¿lo decimos porque toca, o porque importa?”.
Eso fue lo que más ayudó a mis clientes este año: una dirección editorial que sostiene cuando alguien se atreve a revisar lo que ya estaba escrito, a nombrar con honestidad lo que se había vuelto plano, y a soltar la urgencia de publicar solo por llenar espacios. Y aunque no se note en los aplausos de LinkedIn, eso fue lo que movió el hilo.
Así que, para mí, la palabra clave de mi 2025 ha sido sostener; no solo escribir, ni poner bonito, sino sostener el proceso creativo y el criterio de quienes están generándolo.

Este año también aprendí que un texto claro no siempre nace de un primer borrador brillante. A veces, nace del silencio incómodo. De decir: esto aún no está, de resistirse a publicar rápido, de dejar reposar, de leer en voz alta.
En medio de la conversación sobre la IA, también pasó algo curioso. No fue que los textos quedaran mal, justo lo contrario, quedaban bastante bien. Y creo que esa es la trampa porque suenan tan correctos y tan presentables, que parece que no hace falta tocarlos más, pero algo falta: una pausa, un quiebre que diga: “¡hola! aquí detrás hay alguien real”.
Yo no hice decenas de campañas este año, pero las que acompañé, como editora y observadora, me confirmaron que lo que más vale es tener a alguien que sostenga el mensaje cuando todos los demás ya quieren darle “publicar”.

Para mí, 2026 se trata de esto:
Aun en la era de los prompts, el contenido sigue viviendo de dirección y de intención, y eso sigue siendo profundamente humano.